‘The Beast’: Un viaje laberíntico a través del tiempo

4 Butacas de 5

En el fascinante y desolado paisaje de «La Bestia«, dirigida por Bertrand Bonello, nos encontramos en un futuro próximo donde la inteligencia artificial reina y ser un humano con emociones es una historia del pasado. La protagonista, Gabrielle, interpretada de manera magnífica por Léa Seydoux, decide «purificar» su ADN para liberarse de las emociones y superar traumas del pasado, comenzando así un viaje a través del tiempo.

La densidad y lentitud de la película se revelan desde el inicio, exigiendo paciencia del espectador. Aunque Seydoux y George MacKay ofrecen despliegues actorales notables, la duración de dos horas y media se convierte en un desafío, ya que la narrativa se desarrolla de manera pausada y, en ocasiones, tediosa. Sin embargo, la cinematografía excepcional, y sobre todo la narrativa, que recuerda a episodios de “Black Mirror”, a la estética de Cronenberg, o la complejidad de “Mulholland Drive”, compensa en gran medida estas limitaciones.

La primera hora, que recuerda a una película de época, puede parecer incluso aburrida, pero conforme avanza, la trama se despliega como un laberinto intrigante. La tensión se acumula hasta el punto culminante, aunque la secuencia del clímax puede estirar la paciencia del espectador más allá de sus límites. Visualmente, es un festín para los sentidos, con una paleta de colores que refleja el gris desesperanzador de un mundo distópico.

Plantea una serie de interrogantes sin proporcionar respuestas definitivas, dejando al espectador la tarea de reflexionar sobre temas tan variados como los límites de la inteligencia artificial, la esencia de la humanidad y las consecuencias de suprimir tus emociones. La tecnología para purificar al ADN, muy parecida a la utilizada en el videojuego de «Assassin’s Creed», da una visión sombría de un futuro donde la pérdida de emociones conlleva consecuencias, convirtiendo a los individuos en autómatas carentes de vida.

La dirección de Bonello juega con varios géneros, desde el romance hasta la ciencia ficción, el thriller y la película de época. Cada salto temporal presenta un nuevo conjunto de desafíos y complejidades, creando un tejido narrativo que, a pesar de su complejidad, se entiende hasta la última imagen.

La cámara es un elemento narrativo adicional, revelando información a través de imágenes que no se explica completamente mediante diálogos. La alternancia entre los formatos de pantalla, 4:3 y 16:9, cuando cambia la época, agrega capas visuales a la historia.

«La Bestia» es un viaje a las vidas pasadas de su protagonista, a través de un mundo onírico, sugerente y sutil. Aunque puede resultar cansada debido a su duración y ritmo, ofrece una experiencia que plantea preguntas sobre el futuro de la humanidad en un mundo gobernado por la inteligencia artificial… ¿advertencia o realidad?

‘Las Cosas Sencillas’: Franceses de corazón

3 Butacas de 5

Si hay algo que funciona, es la relación del público francés con su cine. Hay un vínculo difícil de romper, y que ni siquiera Hollywood es capaz de eclipsar. Podemos especular que es puro patriotismo o gusto por sus propias historias; sea lo que sea, su taquilla es envidiable. Siempre priorizan su propia producción sobre la extranjera.

Películas como “Los chicos del coro” o “Intocable” son claros ejemplos de proyectos que venden muchísimas entradas, con una buena factura y un trasfondo emotivo. Historias sencillas, bellas, con momentos de comedia y que trabajan muy bien la empatía hacia sus personajes. Con “Las cosas sencillas” ocurre exactamente lo mismo. Es la fórmula del éxito.

La nueva película del director de “Delicioso” nos cuenta la lucha de contrastes entre el campo y la ciudad, entre el caos y la paz, el ritmo y la pausa. Aunque no es un tema novedoso, el alma que tiene la película nos hace emocionarnos por sus personajes y la honestidad con la que son retratados. Y no necesita nada más para llegar tan lejos.

Vincent tiene un accidente de coche y queda varado en una preciosa zona campestre. Por fortuna, aparece Pierre, un huraño paisano parco en palabras, que le invita a su casa, le ofrece algo de comer mientras repara el automóvil con total tranquilidad.

Desde el primer minuto, se describe de manera directa la diferencia de roles y cómo se va creando la química entre ambos, cristalizando en una bonita amistad, con bromas recurrentes bastante naif pero que funcionan perfectamente. El guion reserva más de una sorpresa, ya que Pierre no es todo lo que parece.

Durante el segundo acto, Vincent descubre que su vida como empresario de éxito y playboy ha llevado a su mente y su cuerpo hacia la quiebra. Siempre trabajando, siempre activo, viviendo una vida cínica, algo que contrasta enormemente con la plácida paz de la naturaleza que disfruta Pierre. Una evolución muchas veces vista. Aunque en ningún momento la película quiere ser rompedora.

Una comedia simpática, sencilla y sin pretensiones, algo que se agradece en tiempos de películas de tres horas más grandes que la vida. En su título guarda su mayor virtud: la simpleza y el detalle de lo que quiere contar para aprovechar al máximo los pocos elementos de que dispone mientras intenta emocionar al espectador. Un nuevo éxito comercial de la producción gala.