‘Little Richard’: ¿HACIA DÓNDE VA EL CINE-DOCUMENTAL?

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BXXBCN LITTLE RICHARD at Wrigley Fields, Los Angeles, 2 September 1956

Desde sus inicios, el cine adoptó los parámetros y la militancia activa de ser un archivo, un documento de la realidad que estaba siendo filmada por la cámara. Gran parte de la primera etapa del cine mudo tenía esta vocación, a lo que progresivamente se le fue incorporando prefectos de ficción. A pesar de ello, el film-documental intrínsecamente poseía el distanciamiento de la pura y estricta realidad a través de la visión particular del cineasta. La realidad no es un espacio y un tiempo compuesto por objetos y elementos que puedan ser observados y captados sensorialmente de una forma objetiva sin ambages y, por tanto, el artista enfoca, presenta y planifica ficcionando.

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            En la mayoría de los casos, se suele confundir entre reportaje-montaje y film-documental. El reportaje-montaje consiste en elaborar un “montaje” de imágenes de archivo y una voz en off o una serie de entrevistas que nos narran/comentan distintos sucesos de una persona, fenómeno natural, etc. El film-documental es una cosa muy distinta, es una obra cinematográfica en la que un autor, a través del del cinematógrafo, crea imágenes nuevas mediante el uso de los elementos formales y narrativos del cine, pudiéndose conjuntar con imágenes de archivo, y otorgando un alejamiento del punto de vista, dando la impresión de que lo que se está viendo es “omnisciente, neutral, etéreo… ”, es decir, como si el espectador estuviese dentro del foco de acción de la realidad-ficción. A la mente se me viene qué pensarían de la degradación de la documentalidad del cine en el S.XXI nombres como Dziga Vertov, Dovzhenko, Dreyer, Murnau, Roberto Rossellini, Satyajit Ray, Kalatozov, Pasolini, Peter Watkings…

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            Fruto de esta confusión, se ha denominado “Little Richard” como un film-documental cuando no es más que recopilar imágenes de archivo y grabar a unas personas hablando de Little Richard, y lo más llamativo es que se haya querido poner alguien el apelativo de “directora” de este producto cuando en este tipo de productos únicamente figuran guionistas y productores.

            No existe desde ninguna perspectiva la más mínima intención autoral de querer enfocar cinematográficamente al personaje a partir de una idea de la “directora”: no hay dirección, montaje, fotografía, uso de banda sonora; carece de absolutamente todo para que podamos hablar de cine. Un proyecto que viendo la historia de Little Richard, se podía haber resuelto con algún tinte de film. Todo este posible esfuerzo se banaliza en querer dimensionar al personaje en una línea político-ideológica en la que Hollywood lleva mucho tiempo inmerso, sin ninguna intención de virar hacia el arte y toda la convicción de convertirse en un medio/entorno propagandístico del que sacar rédito monetario -que es lo único que le interesa-.

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            Little Richard no supondrá ningún incentivo para los seguidores del cantante de rock. Todo lo “nuevo” que imprime este reportaje serán opiniones políticas de distintos personajes de la música y sectores politizados de los EEUU. Me resulta harto difícil poder recomendar a alguien dedicar 100 minutos en un cine para repasar la vida de uno de los máximos pioneros del rock and roll.

‘La reina del convento’: Entre hábitos y risas

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Si eres fan de “Aquí no hay quien viva”, de la comedia irreverente, y te gusta apagar tu cerebro cuando vas al cine, esta película es para ti. Ambientada en la muy andaluza y bella Sevilla, la historia transcurre en un convento de monjas en donde nuestro protagonista Mario Vaquerizo busca el amor de su “Jesú”, para ello deberá aprender todos los “tips and tricks” sobre ser una monja hecha y derecha para lograrlo.

            Esta comedia coral la completan Antonia San Juan, Isabel Ordaz, Dulceida y la gran Gemma Cuervo, quienes con nombres muy celestiales como “Sor Rita”, o “Sor Raimunda” enseñan a “Sor Juanita” una vida de celibato y de oración. Eso al inicio, porque conforme avanza la trama, que, si bien no tiene estructura alguna, es más una serie de sketches dirigidos por “Emilio Delgado” de “ANHQV” sobre situaciones surrealistas en las que un grupo de monjas se podrían encontrar. Por ejemplo, secuencia en la que monjas comen ricas magdalenas cocinadas con cierta planta, o secuencia en la que la monja influencer tiene un podcast de historias paranormales sobre el convento, o secuencia de monjas bailando zumba.

            Estas secuencias intentan hilar una historia que no tiene ni pies ni cabeza, donde parece que el objetivo de la directora Carmen Perona es más hacer reír a las nuevas generaciones con comedia woke que contar una historia de amor propio y de hermandad que a veces alcanzas a vislumbrar entre líneas pero que nunca sale a la luz.

            Si hay que destacar algo es el diseño de producción y la fotografía, entrando en este mundo surreal donde monjas desviven al sacerdote, el convento es colorido, los hábitos son rojos, todo es acorde a la trama y ayuda a entrar a una narrativa difícil para públicos más exigentes.

            Algunos momentos de comedia son buenos, irónicos y sarcásticos, incluso con cierta crítica pero que son opacados por un ritmo ambivalente, y personajes que entran y salen de escena como si de una obra de teatro se tratara. De hecho, hay un punto que la película parece o que puede durar 3 horas o que se termina ya, pero solo se van agregando secuencias que estiran la historia y que por ello el final se siente apresurado y sin ningún tipo de consecuencias y desarrollo para los personajes.

Esta comedia, situada en un pintoresco convento andaluz, ofrece momentos hilarantes con su enfoque en la vida monástica peculiar. A pesar de destacarse por su diseño de producción y fotografía, la trama carece de una estructura sólida, convirtiéndose en una sucesión de sketches. Aunque algunas secuencias son divertidas, el ritmo ambivalente y la falta de desarrollo de personajes dejan una película para el olvido.