‘Aniquilación’: Una cinta de pura de serie B

3´5 Butacas de 5

Adam Wingard es un cineasta que, desde luego, es un apasionado del género. Lo ha demostrado a lo largo de su filmografía, alternando películas más autorales (sobre todo en sus inicios) con otras de corte más comercial. Mi primera aproximación a su cine fue con A Horrible Way to Die (cinta bastante fallida y aburrida, por otra parte), pero fue sobre todo con su siguiente filme, Tú eres el siguiente, donde dio el verdadero salto. A partir de ahí, entre sus aportaciones a sagas como V/H/S o The ABCs of Death, el director ha ido mezclando películas como la estupenda The Guest, el mediocre reinicio de Blair Witch, la polémica adaptación en acción real de Death Note o las dos entregas de Godzilla vs. Kong (cuya segunda entrega me sigue pareciendo su mejor película por ser disfrutona como ella sola). Ahora, vuelve a retomar el cine de sus inicios, de bajo presupuesto, con una cinta que es pura serie B: Aniquilación (Onslaught… No me preguntéis por la traducción en España).

Una madre que vive en un parque de casas rodantes usa sus habilidades para proteger a sus seres queridos de una amenaza que ha escapado de una base militar secreta, mientras unos mercenarios intentan contenerla.

Aniquilación es una fiesta del género. Adam Wingard es plenamente consciente durante todo el filme del tipo de película que está haciendo y, en ese aspecto, no podría ser más honesto: una serie B de tomo y lomo, una de esas películas que llegaban al videoclub en los años 80 y 90 y cuyas cintas quemábamos de tanto verlas. Y es precisamente eso lo que ha hecho en esta ocasión: una cinta que podría ser perfectamente un «directo a alquiler», consciente de sus limitaciones (bajo presupuesto), pero también de sus aciertos.

Y es que lo que crea aquí el cineasta es un capricho de autor con el que quiere pasárselo estupendamente. Para ello, maneja una puesta en escena que prácticamente lo es todo en el filme, gracias a un estupendo montaje y a un tono lúdico e intrascendente que le viene de perlas. Es más, la película no disimula en absoluto su amor por John Carpenter, de cuya obra bebe muchísimo, y hace de su sencillez su mayor virtud.

Cierto es que el filme no termina de ser tan contundente como cabría esperar viendo la premisa de la que parte (me refiero, sobre todo, a un clímax apoteósico que, en realidad, no lo es), pero, como comentaba antes, sabe de su sencillez y prefiere no complicarse la vida. Ahora bien, es justo decir que quizás su presentación se antoja un pelín larga y que ciertos personajes secundarios y tramas quedan en el aire, sin que quede muy claro qué hacer con ellos (el personaje de Rebecca Hall, por poner un ejemplo).

Pero, como digo, al final lo que cuenta es la experiencia y la sensación de estar pasando un buen rato y, en ese aspecto, Aniquilación funciona. Lo hace tanto gracias a un Adam Wingard al que se le nota que se lo está pasando estupendamente con la película como a una estupenda selección musical, acompañada de una banda sonora que recuerda a las obras de John Carpenter.

Por tanto, Aniquilación (Onslaught) es una película ideal para estas fechas: un slasher que es toda una fiesta del género y que no disimula en ningún momento su condición; es más, la abraza abiertamente. Y es por ello por lo que no se le pueden achacar grandes cosas al filme, porque es plenamente consciente del tipo de película que está haciendo y, en ese sentido, Adam Wingard ha sabido jugar bastante bien sus cartas. Una cinta para amantes de la serie B más chusca y ochentera (y, en parte, noventera) que te hará pasar un rato estupendo si sabes entrar en su juego autoconsciente. Yo, desde luego, entré y la disfruté.

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