‘Wicker’: un fantástico cuento medieval para adultos

4 Butacas de 5

Érase una vez un cine que se inspiraba en cuentos tradicionales que a través de analogías fantásticas nos daban alguna enseñanza para la vida. Historias como la del mago Merlín, Pinocho, Hansel y Gretel, La Bella y la Bestia o El flautista de Hamelín eran historias que a través de la ficción nos hacían reflexionar sobre nuestros conflictos más universales. El cine empezó contándonos ese tipo de historias. 

Pero, por alguna razón, ese cine de cuento medieval tradicional con moraleja, se abandonó. Pues bien, “Wicker” viene a ponerlo otra vez sobre la mesa, pero aderezado con un poco de picante moderno.

“Wicker” es una adaptación de un relato corto escrito en 2008 por Ursula Wills titulado “El marido de mimbre”. Ambientado en una época medieval indefinida, nos cuenta la historia de una pescadora soltera y apestosa (Olivia Colman) que es objeto de mofa constante en el pueblo. Harta de las continuas burlas decide encargar un marido de mimbre para ella (Alexander Skarsgård). Y su deseo es concedido gracias a un mágico cestero (Peter Dinklage), lo que provoca una espiral de violencia y envidias en todo el pueblo.

Esta premisa tan curiosa podría ser perfectamente un cuento de los hermanos Grimm, pero el tono del relato abraza la comedia negra y especialmente el tema del sexo de manera muy abierta y directa, dándole un tono extrañamente adulto y moderno a un relato que parece estar diseñado para público infantil y tradicional. Y no lo digo como algo negativo, sino como algo que le da a la película un tono bastante único y especial. Es cierto que el tema del sexo al principio me chirrió un poco y hasta me pareció un humor de brocha gorda, pero poco a poco fui entendiendo el mensaje del relato, que no es otro que la importancia de hablar de sexo más abiertamente y sin prejuicios, incluyendo, porque no, a la fantasía tradicional. Y esta visión moderna de las fábulas y cuentos me pareció de lo más refrescante y divertido.

Además es una historia que trata temas universales como el amor incondicional, la envidia, el bullying, el miedo a lo diferente, la presión social, la desconfianza, el matrimonio, la dignidad y, sorprendentemente en este tipo de historias, la relevancia del sexo en las relaciones. Es un relato con muchos aprendizajes y moralejas, y más de actualidad de lo que parece en un principio.

Además la película luce un apartado técnico exquisito, dónde destaca una fotografía realmente bonita, donde cada plano es un cuadro que abraza la fantasía sin miedo alguno. Transmite perfectamente esa sensación de estar viendo un cuento. Una fábula. Y encaja perfectamente con lo que propone la historia.

Y por otro lado el reparto está perfecto en cada papel, dónde destacan una Olivia Colman entrañable, un divertido Peter Dinklage y una odiosa Elizabeth Debicki. El caso de Alexander Skarsgård es difícil de juzgar, ya que está totalmente tapado por el maquillaje (un trabajo espectacular, por otro lado), pero hay que decir que cada vez que aparece no puedes dejar de mirarle. Es fascinante su presencia (y su sonido, un personaje más gracias a un gran trabajo del equipo de “foley”).

El único “pero” que le puedo achacar es que la historia se queda un poco corta. Las tramas podrían haber tenido más desarrollo y más capas, quedándose al final más en un cuento breve adaptado a largometraje, que en una película realmente compleja. Aún así todo funciona muy bien. 

En definitiva, una buena fábula fantástica y medieval para adultos. Divertida, refrescante, bien interpretada, con una factura impecable y con varias moralejas potentes que dan que pensar. Una gran pequeña película. 

Y recuerda:
“La producción de cualquier obra promedia es más valiosa que cualquier crítica que podamos hacer” (Antón Ego)

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