‘Hope’: una persecución frenética que no da respiro

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Durante el pasado Festival de Cannes, cuando nuestra mirada estuvo puesta en las tres películas españolas a competición, un terremoto sacudió a sección oficial del certamen. Una película de género se colaba en uno de os festivales más importantes del circuito, dando lugar a una de las experiencias más bizarras y sorprendentes para los allí presentes, acostumbrados a “un cine mucho más pausado y elevado intelectualmente”. Na Hong-jin da un golpe sobre la mesa con la imprevisible Hope, una película incansable que exprime el lenguaje cinematográfico de las persecuciones.

En la remota localidad surcoreana de Hope Harbor, el jefe de policía Bum-seok y la agente Sung-ae son llamados para investigar a una misteriosa criatura que está causando estragos en la comunidad. Pero no todo es lo que parece, lo que comienza como una hipótesis surrealista, se intensifica poco a poco hasta desvelarse como una tragedia de proporciones cósmicas.

En una realidad saturada de imágenes impactantes, el cine todavía sigue buscando un hueco en la atención de sus espectadores. Pues bien, el director surcoreano Na Hong-jin parece haber dado con la clave a través de Hope, una obra inclasificable que no solo sorprende y excita, sino que cautiva la mirada de los espectadores durante casi tres horas. El punto de partida es lo más convencional de una película imprevisible, una misteriosa criatura acecha a una pequeña comunidad rural, sin embargo, el caos que desata este monstruo desvelará una realidad a la que el ser humano difícilmente puede hacer frente. A partir de este momento, todo coge velocidad y no da respiro.

Na Hong-jin pisa el acelerador a través de una puesta en escena de videojuego que captura como ninguna un frenetismo desbocado. El manejo de la tensión y el suspense es magnífico y su ritmo endiablado está bien domado. Dirigir esta película tuvo que ser lo más parecido a subirse a un toro bravo e intentar no caerse. La cinta bordea en todo momento el riesgo y esta es su mejor baza, que avanza hasta las últimas consecuencias con todas las ideas que propone. Pese a su evidente voluntad de género, la película sabe donde respirar y lo hace a través de unos personajes carismáticos y un humor imprevisible que funcionan sorprendentemente bien.

La visceralidad de las imágenes choca con una cámara que se mantiene estable en todo momento y que sigue a la acción de forma endiablada. Hope podría resumirse en un juego del gato y el ratón extendido durante dos horas y cuarenta en los que nada es convencional. Una propuesta arriesgada e innovadora que nos entrega alguna de las secuencias de persecución más impactantes de lo que llevamos de año.

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