‘Lionel’: Viaje a través de los vínculos paternales

3’5 Butacas de 5

El director murciano Carlos Saiz Espín se estrena en el largometraje con una road movie hispano-francesa que puede presumir de sentirse orgullosa al conseguir retratar con cariño y naturalidad la compleja relación entre una familia distanciada por las circunstancias de la vida. Y que a la larga logra encontrar un punto de catarsis a ese dolor internalizado sin tener que convertirse en un mar de flores lleno de positivismo.

Lionel, sin necesariamente traer nada nuevo a la mesa en lo que a la categoría de un drama familiar se refiere, tampoco podemos decir que se transmita vacía, sino todo lo contrario. El realizador impregna con vehemencia el sufrimiento y amor a partes iguales con la esperanza de que el trayecto de sus personajes se sienta sincero y personal. La manera con la que utiliza el pretexto de un viaje de un país a otro funciona para alimentar la dinámica atropellada de los principales sujetos del relato y, adherido a ello, ejerce un factor paterno-filial en pantalla que forma parte cumbre cuando exploramos el auténtico núcleo narrativo de la cinta.

La estructura, aunque le cuesta un poco tomar el ritmo, termina por conciliarse con las virtudes del cine del que se nutre. Uno de los valores más destacados de la película es el cómo aborda las raíces de sus personajes. Mientras que prácticamente todos los personajes transicionan del español al francés durante buena parte de la película, sus discordancias con el estrecho lazo que los une a otro lugar salen a la luz y ejemplifican una sensación recóndita general más allá de si se trata de un conflicto geográfico o no. Al fin y al cabo, Lionel es un filme que se expresa con templanza, calidez, algún que otro ápice de humor y que abraza la espontaneidad desde un guion que se restriega con grata intimidad mientras que confabula fielmente a lo costumbrista de sus inspiraciones.

El cineasta murciano confecciona una primera obra auspiciada por la gran conexión interpersonal que va surgiendo en el plano. Recoge métodos que se impulsan en dirección hacia un cine verdadero, que no se explaya a niveles inalcanzables y que se mantiene pequeño pero solvente con lo que busca reflejar. Como puerta de entrada, Lionel entrega momentos realmente potentes que despiertan unas tendencias narrativas de su director interesantes, principalmente intermediadas por las vías de la construcción y relación de personajes. El fuerte apego a esta historia a su vez ayuda a percibir el film como una ópera prima no novedosa, pero sí digna y pura en sus pretensiones.

‘Look Back’: Koreeda sale airoso de la adaptación del famoso Manga

3’5 Butacas de 5

Después de estrenar en Cannes este mismo año Sheep in the box, el famoso director japonés Hirokazu Koreeda regresa al Lido de Venecia para presentar la adaptación de un famoso manga de Tatsuki Fujimoto, que tuvo una celebrada adaptación animada hace dos años.

La elección de adaptar a carne y hueso esta historia no es loca, pues es una apuesta exitosa seguro. Tampoco lo es elegir a Koreeda como director, pues su cine siempre ha tenido un gran poso dramático, y él ha tenido mucha habilidad para dirigir y retratar a niños (en Monster, por ejemplo). Lo que sí es raro es que el festival decidiera admitirle en la competición, que aun teniendo hueco reservado por ser quien es, la película me parecía que no cuadraba con el resto de selección.

Sin embargo, ayer salí muy sorprendido de la proyección. No he leído/visto el material previo, por lo que no sé hasta qué punto funcionará si eres fan de lo ya existente, pero la sensación que me dio al salir del pase de prensa es que todo el mundo había disfrutado mucho. Y a veces, aunque las películas sean buenas, no se crea esa unanimidad.

Es verdad que la complejidad de la película no es mucha en comparación con Possible love, por ejemplo, porque realmente se limita a contar la historia de amistad entre dos niñas que escriben y dibujan manga juntas, y no hace ningún retrato del lugar donde viven o de las personas de su alrededor, pero tampoco lo necesita.

Koreeda es consciente de esa sencillez y la explota al máximo: utiliza más planos fijos en vez del movimiento lento pero constante que sus películas acostumbran a tener, para poder crear imágenes aún más bellas y que, de alguna manera, parece que tienen un toque fantástico. Y lo consigue al adaptar algunas de las viñetas más famosas (y probablemente muchas más que yo no conozco), y aunque “calque” en algunos momentos, esto está muy lejos de los remakes sin alma de Disney, por ejemplo.

Y funciona porque, aunque las imágenes sean similares, se esmera en darle una humanidad a la cinta que le otorga una entidad propia. Sentí que estaba viendo otra película más de su filmografía, aunque en este caso estuviera contando algo diferente a las últimas historias que ha contado. Además, las actuaciones del reparto son fantásticas, y tiene una fotografía y banda sonora geniales.

El mayor problema que le puedo encontrar a la película es que en su parte final efectúa unos giros que me convencen en fondo, pero no en forma, pues no quedan del todo bien resueltos (dejando momentos en los que no entiendes muy bien lo que está haciendo el personaje) o algún flashback que quizás no era necesario.

En términos generales estamos hablando de una de las películas del Festival, y aunque quizás no llegue a ser nada súper original o innovador, es el pase que más he disfrutado en estos 5 días, entreteniéndome y emocionándome a partes iguales.