‘Balandrau, viento salvaje’: Duro homenaje a los bomberos de alta montaña

3 Butacas de 5

Admito que tenía bastantes ganas de ver esta película porque soy gran aficionado a la montaña y prácticamente todos los años me acerco a los Pirineos a desconectar del mundo (aunque ya ni allí puedes). Por eso, una película que transcurre en mi cordillera favorita era para mí de visionado obligado, aunque solo fuera por el paisaje. Y la sensación ha sido un tanto agridulce. 

‘Balandrau, viento salvaje’ cuenta los sucesos ocurridos en diciembre de 2000 en el Pirineo Catalán cuando una de las peores tormentas que se recuerdan (más conocida como ‘torb’), le costó la vida a 9 montañeros.

Ya desde el comienzo nos avisan de que la historia y los personajes han sufrido cambios para adaptarlos al lenguaje cinematográfico, algo que es totalmente lógico y normal. Lo que ocurre es que esos cambios son tan predecibles y están tan llenos de lugares comunes que convierten el guion en algo extremadamente simple y sin apenas peso. Los personajes apenas tienen desarrollo y la acción apenas tiene trama más allá de los sucesos de la historia original lo que la convierte en una película bastante plana. Además, algunas decisiones y reacciones de los personajes, especialmente en el momento de la tormenta, son a veces incomprensibles y desconcertantes, lo que me sacó de la emoción del momento. Está claro que el guion es la parte que menos han trabajado en la película y se nota bastante.

Pero, por otro lado, la película va directa a la emoción y a la tragedia en alta montaña. Y los sucesos son tan duros y tan extraordinarios que mantienen la película en pie sin apenas guion, centrándose en el durísimo trabajo de los bomberos de alta montaña, que en 48 horas tienen que enfrentarse a la peor tragedia posible. En ese aspecto, la película no se corta en mostrarnos momentos durísimos, como son los descubrimientos de los cadáveres congelados y, sobre todo, el estremecedor momento en que tienen que decírselo a los familiares. Aquí, la película va directa a la yugular y terminas llorando como una magdalena con lo que ocurre en esa terrorífica sala de espera. Y es que, al final, la película no es más que un homenaje a las víctimas y a los bomberos de rescate en alta montaña, que tienen que soportar una carga psicológica enorme y tomar decisiones extremadamente complejas que los convierten en auténticos héroes anónimos.

En este aspecto, hay que subrayar una banda sonora de Arnau Bataller impresionante que lleva emocionalmente en volandas al espectador, mezclando perfectamente la sensación de grandiosidad (y brutalidad) de la naturaleza, con la emotividad del drama humano. A eso hay que sumarle un diseño de producción a la altura. Y destacar un reparto muy competente, especialmente los papeles de los familiares, que saben transmitir muy bien el dolor y la desesperación en esa sala de espera en la que nadie queremos estar.

En definitiva, lo que tenemos es una película sin apenas guion que narra los sucesos reales de un dramático rescate en alta montaña, donde la emoción, la dureza de los sucesos y una emocionante banda sonora son suficientes para emocionar al espectador.

Y recuerda:
“La producción de cualquier obra promedia es más valiosa que cualquier crítica que podamos hacer” (Antón Ego)

‘La maldición de Shelby Oaks’: Una correcta cinta de terror

3 Butacas de 5

Según las notas de prensa: “Bajo el sello de Mike Flanagan (Misa de Medianoche, La maldición de Hill House, La vida de Chuck) como productor ejecutivo, La maldición de Shelby Oaks destaca como uno de los estrenos más estimulantes del cine de terror de los últimos años. La película se presentó en el Festival Fantasía y en el Fantastic Fest e inauguró la sección Panorama de la última edición del Sitges – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya.

Dirigida por Chris Stuckmann, la película marca su debut en el largometraje tras haberse convertido en uno de los críticos de cine más populares de internet.

Tras esta presentación, la verdad es que tenía ganas de ver el resultado de este proyecto de terror y, una vez visionado, he de decir que no decepciona… pero tampoco sorprende en absoluto.

La búsqueda desesperada de una mujer por encontrar a su hermana desaparecida se vuelve obsesiva al descubrir que el demonio que las atormentaba en su infancia no era fruto de su imaginación.

He de decir que hay que agradecer a su director el enfoque que ha querido añadirle. No solo por jugar con el formato del found footage —que durante su presentación parece que marcará el tono para luego romperlo definitivamente—, sino por su capacidad de sugestión. En un film que daba pie a sobresaltos y efectismos varios (que los hay), el director prefiere inquietar a base de sugerir más que de mostrar, y ahí es donde radica su acierto.

Lo consigue a través de una puesta en escena que hace un muy buen uso de los espacios y de los silencios, algo que últimamente no suele verse mucho en productos de esta índole. Es en esos momentos donde La maldición de Shelby Oaks consigue su propósito de inquietar al espectador con lo justo y necesario, sin necesidad de mostrar más de lo imprescindible, con escenas tan efectivas como la visita a la cárcel abandonada.

Ahora bien, el libreto debe enfrentarse a muchos tópicos de los que no puede huir, y eso se nota a medida que avanza la película, con decisiones de los personajes muy cuestionables y, sobre todo, con una parte final demasiado folletinesca que le hace perder efectividad. Es como si el propio guion fuera en contra de lo que intenta proponer en su puesta en escena, es decir, tratar con respeto al espectador, algo que en su tramo final termina por derrumbarse como un castillo de naipes.

Aun así, resulta entretenida y, como producto de terror, es correcta, pero no destaca mucho más allá de lo que su propuesta nos quiere hacer creer, pues al final termina siendo “más de lo mismo”. Eso sí, al menos se agradece el respeto hacia el espectador al no inflarla con efectismos varios, algo poco habitual en el género actual.