‘Greenland 2’: una secuela cargada de tensión y ritmo

3 Butacas de 5

Tras 5 años del evento apocalíptico Clarke, John busca llevar a su esposa Allison y su hijo Nathan a un lugar al que puedan llamar hogar fuera del bunker que les salvó la vida después de ser destruido por un devastador terremoto. Una atmósfera tóxica producto de los residuos del ya mencionado cometa, tormentas que arrasan con todo a su paso y ocasionales lluvias de meteoritos aún hacen de la superficie un lugar hostil para la humanidad, por lo que la familia Garrity deberá arreglárselas para llegar al único lugar en el mundo que parece ofrecer una oportunidad de un mañana.

Si te gustó la primera película, esta es un poco más de lo mismo, alguna que otra inconsistencia habrá aquí y allá, pero supongo que es de esperarse con películas post-apocalípticas. Más destrucción a gran escala y más acción te esperan en esta secuela que, aunque para mi gusto cae demasiado frecuentemente en conveniencias, es lo suficientemente disfrutable como para pasar un buen rato si sabes apagar tu pensamiento crítico y disfrutar a ciegas lo que estás viendo.

Todos sabemos que uno de los atractivos de las películas de supervivencia en ambientes apocalípticos no solo es el apocalipsis en sí, sino la tensión humana y las decisiones instintivamente extremas que estas circunstancias inconmensurables los orillan a tomar; por lo que fue ligeramente decepcionante ver cómo el camino de los Garrity es relativamente sencillo y sin riesgos ya que, para su muy buena suerte, siempre se cruzan con las únicas buenas personas que quedan en la zona, o directamente con viejos amigos dispuestos a abrirles la puerta de su hogar y compartir sus escasos y valiosos recursos sin esperar nada a cambio.

Este es el tipo de cosas que evitan que Greenland 2 sea más que solo una película post-apocalíptica más, pero tampoco restan a la muy buena presentación visual lo suficiente como para catalogarla como mala. Así que si quieres saber qué fue de nuestros protagonistas tras sobrevivir al fin del mundo, algo que no vemos muy a menudo, esta película sin duda será una que disfrutes bastante.

‘Montecarlo 67’: La leyenda que cambió la historia del cine

4 Butacas de 5

Estamos en 1967, es el Festival de Televisión de Montecarlo poco antes de la gala de premios, Chicho Ibáñez Serrador, junto con Pilar Miró esperan ansiosos ese galardón. Así es como empieza “Montecarlo 67”, un cortometraje contenido en duración, pero grande a nivel de producción. Con dos localizaciones muy marcadas y una ambición poco habitual para este formato, parte de una anécdota casi legendaria del cine, el encuentro después de la gala, entre Chicho y un joven y poco conocido Steven Spielberg. En aquella ocasión Chicho ganó el premio y Spielberg no. Sin embargo, Chicho, lejos de cualquier rivalidad, le animó a seguir haciendo cine, lo que terminó causando la gran leyenda que hoy es el cineasta americano.

El corto funciona como un dulce para los amantes del cine. Está lleno de referencias, tanto visuales como sonoras, desde los personajes que aparecen en la gala hasta la música, que cualquier cinéfilo reconocerá al instante. Todo está muy bien recreado, y aunque se rodó en Gijón y Alcalá de Henares, el director Rubén Guindo consigue que realmente te sientas en aquella época. El blanco y negro y la fotografía, muy digital pero muy atractiva, elevan aún más la producción.

Carlos Santos está absolutamente calcado como Chicho Ibáñez, tiene un magnetismo que te atrapa desde que aparece en pantalla. Veki Velilla como Pilar Miró es un gran acierto, y Marco Steel sorprende como un Spielberg joven, creíble y lleno de ilusión. Además, el corto sabe equilibrar comedia y drama, sin perder nunca el foco.

Detrás hay más de tres años de investigación y trabajo, y eso se nota. Incluso intentaron contactar con el propio Spielberg para confirmar la anécdota, aunque sin éxito. Al final, “Montecarlo 67” habla del cine, de la competencia dentro de la industria, de lo difícil que es sacar adelante proyectos así y del valor del apoyo entre creadores. Es un cortometraje que hay que ver, y también merece la pena su documental sobre el proceso, porque cuenta mucho de todo lo que normalmente no se ve.

No es casualidad que haya ganado el premio a Mejor Cortometraje en la 27ª Semana del Cortometraje de la Comunidad de Madrid. Un corto hecho con amor por el cine, y eso se siente.