‘No hay otra Opción’: Una película brutal y punzante

4 Butacas de 5

Park Chan-Wook lo hace de nuevo, el infundir de creatividad y poesía una historia que en otras manos podría ser un simple despliegue de violencia. Y esta vez también es contingente, además de más gracioso que nunca. 

Su protagonista Man-Su se nos presenta en una imagen de perfección familiar –labradores incluidos– que resulta deliciosamente irónica por lo rápido que sabemos que se va a desmoronar. Perder su trabajo como empleado de una papelera lo sumerge en una crisis súbita y reconocible: la ansiedad de perder la casa que luchó por trabajar, de no poder garantizarle seguridad a sus hijos y de tener que hacer sacrificios antes impensados. 


Todo debería resolverse al encontrar un trabajo nuevo, pero al parecer el escenario está difícil en todos lados, por lo que Man-Su tiene la ingeniosa idea de publicar una oferta de trabajo para saber cuál es su competencia (una serie de desempleados de mediana edad que sufren al igual que él) y luego deshacerse de ellos, uno a uno.

La torpeza con que se vuelve criminal y lleva a cabo estas ejecuciones es el ancla cómica de la cinta, que nos muestra el absurdo de cómo un tipo normal termina en esta situación límite por razones completamente cotidianas. Es brutal, aunque no sorpresiva. La premisa que esperamos, alargada quizás innecesariamente y desprovista de los giros y recursos audiovisuales y técnicos más novedosos a los que el cineasta nos tiene malacostumbrados. 


Lo interesante es situar la tragedia en el hombre común, el enemigo en la búsqueda laboral y en el sistema que nos obliga a matarnos entre nosotros. Y la moraleja es que Man-Su quizás puede conseguir lo que desea –a través de mentiras y la pérdida de su humanidad–, pero al final eso no lo exime del trabajo. La única victoria en el mundo moderno es no morirse de hambre, y lo que podía gustarle de su oficio (cervezas con los colegas, el contacto físico con el papel) se hace desechable tan rápido como los empleados. 


‘Ruta de Escape’: Una inteligente analogía al peso que conllevan las decisiones

4 Butacas de 5

Un elusivo ladrón, un detective que lo ha cazado por años y una corredora de seguros de la alta sociedad californiana se enredan en una brillante adaptación de la aclamada novela homónima de Don Winslow. Chris Hemsworth, Halle Berry y Mark Ruffalo protagonizan una historia que en principio parece tu típico thriller de crimen en la que presencias una clásica trama de gato y ratón en la que un misterioso criminal cada vez está más cerca de su final a manos de un obstinado detective.

Sin embargo, esta trama tan cliché sirve más bien como una analogía que permite explorar a fondo la psique de los personajes, en la que se explora la carga que conllevan las decisiones que uno toma a lo largo de su vida, y las que no; permitiéndole a nuestros protagonistas evolucionar y cambiar sus perspectivas conforme avanza la película. Además de este gran elenco protagónico, Barry Koeghan se integra como una especie de antagonista que se roba la pantalla en cada una de sus apariciones entregando otra brillante interpretación, como ya nos tiene acostumbrados.

Dicen que las tramas más sencillas permiten hacer personajes más interesantes y ciertamente ese es el caso en este film, que con pequeñas pinceladas nos deja ver la perspectiva de cada personaje sobre la vida, qué les pesa y cómo lo afrontan. Aunque esto no quiere decir que la trama no sea interesante, unos cuantos giros de tuerca la hacen diferenciarse de los thrillers genéricos y, aunque no es nada revolucionaria, sirve para darle una identidad propia que pocas películas del género tienen.

Sin duda Ruta de Escape no solo vale la pena, sino que es bastante disfrutable al ser una película que se toma su tiempo y no te trata como un bebé. En un mundo donde hasta las películas dirigidas a un público adulto pecan de darte todo «peladito y en la boca», este thriller se tiene la confianza para no caer en modernismos como explosiones fuera de lugar o repetir una y otra vez la trama y los sentimientos de sus personajes.