‘Antlers’: La bestia de la paternidad

3’5 Butacas de 5

Pronto podremos disfrutar de este título en las carteleras de nuestros cines, aunque un servidor ya pudo verla hace unas semanas en el festival de Sitges, compartiendo la experiencia del visionado con algunos compañeros que también asistían al festival, hablaremos de los puntos fuertes y débiles de “Antlers: Criatura oscura”

Este film de Scott Cooper, cineasta de género que debéis conocer y que personalmente creo tiene aún que ofrecernos un título que nos dejará sin palabras, nos narra los sucesos extraños que empiezan a ocurrir en una pequeña localidad de Oregón y que tiene desconcertados al Sheriff que, con la ayuda de su hermana, la profesora local, empiezan a sospechar que uno de los alumnos está involucrado en todo este caos.

Una cinta llena de misticismo y de leyendas, sumado a una trama detectivesca donde las actuaciones del cast principal hacen que empaticemos rápidamente con la historia.

No es de extrañar que Guillermo del Toro se interese por esta película, hasta el punto de ser su productor, porque lo mejor de “Antlers” es la reflexión humana que hace a través de los ojos de un niño y una figura monstruosa, temas que al bueno de “Del Toro» fascinan. Y del que le hemos visto producir temáticas similares como sucedió en 2013 con Andy Muschietti con “Mamá”, director que años después nos sorprendería, con el ya histórico remake de “It”.

Sin entrar en spoilers, el film nos acerca a una mirada sobre el maltrato, el abandono y la soledad en la niñez, como las autoridades y figuras que envuelven a un infante son las que poco a poco detectan estos casos y la ardua tarea que es salvar a alguien de ese maltrato que está sufriendo, camuflado esos si con el género más puro.

Un tema profundo del que vemos una reflexión adulta en sus diálogos y actuaciones. En la que me gustaría destacar, una presentación de personajes que con pinceladas muy finas nos deja entrever que nuestros protagonistas, Sheriff (Jesse Plemons) y profesora (Keri Russel), también sufrieron maltrato de niños y de ahí su afán para salvar al pequeño del “monstruo”.

Antes citaba a “Mamá” y sin entrar en comparativas, “Antlers” sufre del mismo mal, ya que la parte emocional pesa más, en ocasiones, que las herramientas usadas para transmitir al espectador miedo.

Sustos poco originales que gritan al espectador, un diseño de criatura fantástico, pero del que no podemos ver una silueta nítida y un enfrentamiento final que, en lo personal, me dejó algo frío. Con uno de esos finales abiertos que nos dejan entrever una posible segunda parte, aunque creo que la reflexión no es anunciar otra entrega, si no que el mal nunca descansa, pero que se siente abrupto.

Aun así, recomendable a todos los que están esperando una clásica historia sobre leyendas de los monstruos en los bosques pero con un toque humano que le sienta muy bien a la profundidad de la trama, con sus fallos pero nada insalvable y con unos aciertos que me hacen estar esperando la siguiente aproximación al género de Scott Cooper.

Y como siempre, disfrutad y juzgad por vosotras y vosotros mismos.

‘Tick, Tick…Boom!’: una explosión de emociones

4 Butacas de 5

Nuestra vida está llena de aspiraciones. Aprobar una oposición con la que obtener una plaza para toda la vida, trabajar en la mejor empresa privada, ser feliz con lo que a uno nos gusta. Todos tenemos diferentes percepciones de la vida, vocacionales, sentimentales, emocionales y por supuesto profesionales.

Hollywood siempre se ha caracterizado por ofrecernos relatos de perdedores que logran su sueño. Que sudan la gota gorda para tratar de conseguir su lugar en el mundo, alcanzar sus metas. Hemos tenido diferentes propuestas cinematográficas, excesivamente edulcoradas, pero mal ejecutadas. En cambio, otras, tienen esas buenas dosis de azúcar y logran un retrato perfecto de los sueños y logros.

‘Tick, Tick…Boom’ es el ejemplo perfecto de lo anteriormente mencionado. Dirigida por Lin-Manuel Miranda, la película es una joya sentimental, que pone de manifiesto la devoción por una vida, una dedicación: la del creador. Protagonizada por un soberbio Andrew Garfield, la película es un bombazo musical. Basada en la autobiografía de Jonathan Larson, aspirante a compositor de obras teatrales, el espectador se sumerge en una vida de aspiraciones, dolor, sufrimiento y éxito a través de una vida emocional, vocacional y con unas canciones que le hacen a cualquiera disfrutar en sus dos horas de duración.

Situada en el contexto de los años 90 y con el doloroso momento que vivió la sociedad con el terrible virus del VIH, otro de los protagonistas de ese dolor de su elenco, la película deja de lado los temas oscuros para narrarnos una historia de baches en el camino y de aprender a saltaros a través del tesón, esfuerzo y armonía de sus protagonistas. Andrew Garfield es el ser supremo de una película en la que su director sin duda homenajea a todos los creadores de musicales, lo que le ha permitido convertirse en un genio que sabe perfectamente lo que hace. Una interpretación emotiva, llena de musicalidad y ritmo con la que no es difícil empatizar. El actor está espléndido, eufórico y retratando las miles de historias de artistas que comenzaron trabajando detrás de una barra, malviviendo para lograr sus aspiraciones.

El largometraje es un continuo éxtasis, lleno de dulzura, armonía y con un ritmo vertiginoso en el que el alma de sus protagonistas son cada una de las notas musicales de un espectáculo que nos invita a seguir soñando.

Una película que simboliza perfectamente el bloqueo al que nos vemos expuestos muchas veces en nuestra vida, convirtiéndonos en seres egoístas sobreponiendo nuestros problemas a lo que sufren los demás. Puro cine con las emociones a flor de piel.